miércoles, 28 de octubre de 2009

Ahora

Me has enseñado a respirar
Juan Gelman

Porque ahora paso mi mano sobe el envés de las hojas y sé leer su alfabeto
y si cierro los ojos oigo correr un río y es tu voz que despierta

porque mi cuerpo comienza ahora en ti y acaba más allá de la lluvia
donde alcanzan tus brazos y el miedo acuartelado no vigila

y sé llamar las cosas
de modo que éstas salten se desnuden
y todo sea reciente
para mis ojos que aman en tus ojos

porque en mi llanto crecen blandas plantas carnívoras
y mi sangre palpita como una iguana abierta

porque ahora mi cuerpo recupera sus partes
y nace una piel nueva que derrota el verano

porque me has enseñado a respirar.

Piedad Bonett

Nos reciben las calles conocidas...

Nos reciben las calles conocidas...

Nos reciben las calles conocidas
y la tarde empezada, los cansados
castaños cuyas hojas, obedientes,
ruedan bajo los pies del que regresa,
preceden, acompañan nuestros pasos.
Interrumpiendo entre la muchedumbre
de los que a cada instante se suceden,
bajo la prematura opacidad
del cielo, que converge hacia su término,
cada uno se interna olvidadizo,
perdido en sus cuarteles solitarios
del invierno que viene. ¿Recordáis
la destreza del vuelo de las aves,
el júbilo y los juegos peligrosos,
la intensidad de cierto instante, quietos
bajo el cielo más alto que el follaje?
Si por lo menos alguien se acordase,
si alguien súbitamente acometido
se acordase... La luz usada deja
polvo de mariposa entre los dedos.

Jaime Gil de Biedma

A la sombra del tiempo

Hoy andaba debajo de mí mismo...

Hoy andaba debajo de mí mismo
sin saber lo que hacía.

Hoy andaba debajo de la pena
con risa inexplicable.

Hoy andaba debajo de la risa
con todo el llanto a cuestas.

Hoy andaba debajo de las aguas
sin que fuese milagro comparable.

Hoy andaba debajo de la muerte
y no reconocía sus cimientos.

Andaba a la deriva por debajo del cuerpo
confundiendo los dedos con los ojos.

Hoy andaba debajo de mí mismo
sin poder contenerme.

"Breve son"1968

José Angel Valente

OCTUBRE

Hay una leve luz caída...

Hay una leve luz caída
entre las hojas de la tarde.
Dame
tu mano y cruza
de puntillas conmigo
para nunca pisarla,
para no arder tan tenue
en sus dormidas brasas
y consumirte lenta
en el perfil del aire.

(Octubre)

José Angel Valente

domingo, 25 de octubre de 2009

sábado, 24 de octubre de 2009

No apagues la luz papá

Papá ha vuelto

La cumbre de la montaña se alejaba perdiéndose cielo adentro y definitivamente supe que mi padre iba a morir. Recordé que hacia mucho tiempo que no nevaba sobre Santiago y me dije que yo ya había vivido lo suficiente, que ya era mucho mayor que él y que estaba bien. Le agradecí que hubiese vuelto a esperar 50 años porque yo a los 52 podía soportarlo. Le escogí la ropa y comencé a vestirlo. Mis camisas le quedaban algo grandes y al levantarle la cabeza para ponerle la que me pareció mejor sentí el primer golpe de las lágrimas detrás de mis ojos pugnando por salir. Me volví a decir que papá murió hace 50 años, a los 31, exactamente un 16 de febrero, y que tal vez me hizo falta, pero no es algo en lo que hubiese pensado mucho. No supe en qué instante regresó. Se instaló en mi pieza y durante los últimos años pudimos hablar algo. Ahora se había muerto y yo lo vestía mientras mi madre y mi hermana esperaban en el living. Cuando abrí la puerta para avisarles que ya podían entrar la furia del viento y del granizo me azotó aturdiéndome y ciego corrí a campo traviesa. Kurosawa, le grité, él volvió para morirse de nuevo conmigo. Al abrir los ojos vi encima de mí la blancura delirante de la cumbre y muy abajo las primeras luces de la ciudad encendiéndose. Sólo entonces pude llorar.

Raul Zurita -Las ciudades de agua.

...en un ricon del año...

Imaginar los sitios posibles donde estabas...

...en un rincón del año...
V. Huidobro

Imaginar los sitios posibles donde estabas,
verte llegar sin noche a La Tertulia,
reconocer tu voz apresurada
al contar una anécdota
o preguntar por mí,
saber que nos mirábamos antes de conocernos,
son capítulos largos de mi vida.

Supongo que también te dejarán a ti
este mismo vacío,
esta impaciencia por estar sin nadie
mientras se nos olvida
todo el calor que duele de olvidado.

El naufragio es un don afín al hombre.
Después de que sucede
suelen tener las huellas
esa incomodidad que tienen las mentiras,
el recuerdo es un dogma,
la soledad el pecho que tú me acariciaste.

Pero cambiando de conversación
el tiempo -buen amigo
que deforma el pasado como el amor a un cuerpo-
hará que cada día no parezca un disparo,
que volvamos a vernos una tarde cualquiera,
en un rincón del año y sin sentir
demasiada impotencia.

Será seguramente
como volver a estar,
como vivir de nuevo en una edad difícil
o emborracharnos juntos
para pasar a solas la resaca.

Igual que quemaduras debajo de los dedos,
en un segundo plano
seguiremos presentes y esperando
ese momento exacto del náufrago en la orilla,
cuando al salir del mar
me escribas en la arena:
«Sé que el amor existe,
pero no sé dónde lo aprendí».

Luis García Montero (Encuentro de poetas del mundo latino -Morelia 2009)

domingo, 18 de octubre de 2009

Un regalo

Le pareció que la fuga del tiempo se había detenido, como un encanto roto. El torbellino se había hecho en los últimos tiempos cada vez más intenso, y después repentinamente nada, el mundo se estancaba en horizontal apatía y los relojes corrían inútilmente. El camino de Drogo había terminado; ahora estaba en la solitaria orilla de un mar gris y uniforme, y a su alrededor ni una casa, ni un árbol, ni un hombre, todo así desde tiempo inmemorial. "Valor, Drogo, ésta es la última carta, marcha al encuentro de la muerte como un soldado, y que tu existencia equivocada acabe bien, al menos. Véngate finalmente de la suerte, nadie cantará tus alavanzas, nadie te llamará héroe o algo similar, pero precisamente por eso vale la pena. Cruza con pie firme el límite de la sombra, erguido como en un desfile, y sonríe incluso, si lo logras. Después de todo, la conciencia no está demasiado cargada y Dios sabrá perdonar."
Valor, Drogo. Y trató de armarse de fuerzas, de resistir a fondo, de bromear con el tremendo pensamiento. Puso en ello todo su ánimo, en un arranque desesperado, como si partiera él solo al asalto contra un ejército. Y súbitamente los viejos temores se desvanecieron, las pesadillas se debilitaron, la muerte perdió su rostro helador, mudándose en cosa sencilla y conforme a natura. El comandante Giovanni Drogo, consumido por la enfermedad y los años, pobre hombre, hizo fuerza contra el inmenso portón negro y advirtió que las hojas cedían, dando paso a la luz.
Sólo le disgustaba tener que marcharse de allí con aquel cuerpo suyo, de huesos sobresalientes, piel blanquecina y fláccida. Pero quién sabe si, al pasar el umbral, también él, Drogo, podría volver a ser como antes (no guapo porque guapo nunca lo había sido), pero sí con su fresca juventud. Qué alegría, se decía Drogo ante esa idea, como un niño, pues se sentía extrañamente libre y feliz.
Pero después algo pasó por su cabeza: ¿y si todo fuera un engaño? ¿Si dependierá sólo de la maravillosa puesta de sol, del aire perfumado, de la pausa de los dolores físicos, de las canciones del piso de abajo? ¿Si dentro de unos minutos, de una hora, tuviera que volver a ser Drogo el de antes, débil y derrotado?
No, no lo pienses, Drogo, basta de atormentarse ahora, lo peor ya ha pasado. Aunque te asalten los dolores, aunque ya no haya música para consolarte y en vez de esta bellísima noche lleguen nieblas fétidas, la cuenta saldrá igual. Lo peor ha pasado, no, no te pueden ya defraudar.
El cuarto se ha llenado de oscuridad, sólo con mucho trabajo se puede distinguir la blancura de la cama, y todo el resto está negro. Dentro de poco tendría que salir la luna.

El desierto de los tártaros - Dino Buzzati

domingo, 11 de octubre de 2009

Eielson

Escribo algo...

Escribo algo
algo todavía
algo más aún
añado palabras pájaros
hojas secas viento
borro palabras nuevamente
borro pájaros hojas secas viento
escribo algo todavía
palabras

De "Mutatis mutandis" 1967Eielson

sábado, 10 de octubre de 2009

"Oponerse al destino, olvidar a la muerte" Arakawa-Gins (Arquitectos)

martes, 6 de octubre de 2009

Cuántas y cuánto...

"Cuántas cosas y cuánto caen continuamente en el olvido, al extinguirse cada vida; cómo el mundo, por decirlo así, se vacía a sí mismo, porque las historias unidas a innumerables lugares y objetos, que no tienen capacidad para recordar, no son oídas, descritas ni transmitidas por nadie."

W.G. Sebald - Austerlitz

Instantes

«Hay un instante en que, sin saberlo, todo adquiere un mismo impulso y una misma armonía y un sonido inconfundible y preciso.
El sonido de la velocidad de las cosas.
El sonido de la velocidad de las cosas es el sonido que Dios hace al respirar.
Algo de eso hay en el segundo en que cambian las mareas o en el chasquido del primer copo de nieve desprendiéndose de los cielos.»

Rodrigo Fresán.