Bruno Schulz
viernes, 25 de diciembre de 2009
Tiempo
Bruno Schulz
jueves, 24 de diciembre de 2009
Correspondencia sin palabras
Soledad imposible conmigo tan aquí
y mi memoria tan despierta.
Y además la plegaria
por la estrella perdida, tan sin luz,
por Blanca de Nieves, dormida
nube con luna en su ataúd de cielo,
y por el campo, ese hospiciano prófugo
que equivocó la senda y se tiró,
ya cansado, a la orilla del camino,
desesperando de llegar al pueblo.
Y hay también las canciones perdidas
que no se sabe nunca quien cantó;
y esta correspondencia sin palabras
de ojos a estrella, de alma a luz de luna.
viernes, 18 de diciembre de 2009
...cómo se sacudía el paraíso
-Susana -dijo. Luego cerró los ojos-. Yo te pedí que regresaras...
Pedro Páramo/ Juan Rulfo
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Tiempo
...............
La costurera y el viento- César Aira
viernes, 4 de diciembre de 2009
lunes, 30 de noviembre de 2009
La costurera y el viento
La vida lleva a la gente a toda clase de lugares lejanos, y por lo general termina llevándolos a los más lejanos de todos, a los más extremos, porque no hay motivo para frenar su empuje a medio camino. Más allá, siempre más allá... hasta que deja de haber más allá, y entonces los hombres rebotan, y quedan expuestos a un clima, a una luz... El recuerdo es una miniatura lumínica, como el holograma de la princesa, en aquella película, que transportaba en sus circuitos el robot fiel, de galaxia en galaxia. La tristeza inherente añ recuerdo proviene de que su objeto es el olvido. Todo el movimiento, la gran línea, el viaje, es un arrebato de olvido, que se curva en la burbuja del recuerdo. El recuerdo es siempre portátil, siempre está en manos de un autómata vagabundo.
El mundo, la vida, el amor, el trabajo: vientos. Grandes trenes cristalinos que pasan pitando por el cielo. El mundo está envuelto en vientos que van y vienen... Pero no es tan simple, tan simétrico. Los vientos de verdad, las masas de aire que se desplazan entre diferencias de presión, terminan volviéndose siempre para el mismo lado, y se reúnen en los cielos argentinos; vientos grandes y pequeños, los vientos cosmopolitas y oceánicos tanto como los diminutos soplos de jardín: un embudo de las estrellas los reúne a todos, adornados con sus velocidades y direcciones como cintas en los peinados, y van a parar a esa región privilegiada de la atmósfera que es la Patagonia. Es por eso que allí las nubes son lo momentáneo por excelencia, como decía Leibniz que eran las cosas ("las cosas son mentes momnetáneas": una silla es exactamente como un hombre que viviera un solo instante). Las nubes patagónicas acogen y acomodan todas las transformaciones dentro de un solo instante, todas sin excepción. Por eso el instante, que en cualquier parte es seco y fijo como un clic, en la Patagonia es fluido, misterioso, novelesco. Darwin lo llamó: la Evolución. Hudson: la Acentación.
No estoy hablando en metáforas patrioticas. Esto es real.
Viajar es real. Abrir la puerta de todos los miedos es real, aunque no lo sea lo que hubo antes ni lo que viene después, ni los motivos ni las consecuencias. En realidad no acierto a explicarme cómo es que la gente puede tomar la decisión de viajar. Quizás me convendría estudiar la obra de esos poetas japoneses que se trasladaban de paisaje en paisaje encontrando temas para sus composiciones algo incoherentes. Quizás ahí está la explicación. "A la mañana siguiente el cielo estaba muy claro, y en el preciso momento en que el sol alcanzaba su mayor brillo, salimos en el bote por la bahía" (Basho).
Los cielos de la Patagonia están siempre limpios. Allí se reúnen los vientos, en una gran feria de transformaciones invisibles. Es como decir que allí sucede todo, y el resto del mundo se disuelve en la lejanía, inoperante, la China, Polonia, Egipto... París, la miniatura lumínica. Todo. Sólo queda ese espacio radiante, la Argentina, hermosa como un paraíso.
¿Cómo viajar? ¿Cómo vivir en otra parte? ¿No sería una locura, una autoaniquilación? No pertenecer es precipitarse en la nada, y eso a nadie le gusta.
Y en plena transparencia... Quiero anotar una idea, aunque no tiene nada que ver, antes de que me la olvide: ¿no será que los ideogramas chinos fueron pensados originalmente para ser escritos en vidrio, para poder leerlos del otro lado? Quizás de ahí proviene todo el malentendido.
Y en plena transparencia, decía... un vestido de novia. ¿Una nube? No. Un vestido blanco, claro que sin forma de vestido, o mejor dicho: sin forma humana, la que toma puesto en su dueña o en un maniquí, sino en su forma auténtica, la forma pura de vestido, que nadie tiene la ocación de ver nunca, porque no es cuestión de verlo hecho un montón de tela tirado sobre una mesa o una silla. Eso es informe. La forma del vestido es una transformación, ilimitada.
Y era el vestido de novia más bello y complicado que se hubiera hecho nunca, un desplegarse de todos los pliegues blancos, maqueta blanca de un universo de blancuras. A diez mil metros de altura, volando con lo que parecía una majestuosa lentitud aunque debía de ir mur rápido (no había punto de referencia, en ese abismo celeste de puro día). Y cambiando de forma sin cesar, siempre, macrocisne, abriendo alas nuevas, nunca las mismas, la cola de catorce metros, hiperespuma, cadáver exquisito, pétalos de hielo.
sábado, 28 de noviembre de 2009
Poema incompleto
Ahora, amiga mía
que una flor de papel preside el aire,
que el aire se deshace en dulces pétalos
de jadeante miel en tus rodillas,
ahora que no hablamos del otoño
ya nunca más
para no tropezar con tu mirada,
ahora que te adentras por la vida,
ligera, según dices,
desposeída al fin de prejuicios,
ideas recibidas, tiempo estéril,
incomprensibles normas y principios,
ay -ahora
que la virginidad navega todavía
como un barco vacío por oscuros telares,
por intactos desvanes y sueños sin sentido,
qué hacer en medio de la tarde,/
José Angel Valente
martes, 24 de noviembre de 2009
jueves, 19 de noviembre de 2009
La estrella
De T. para ti, S.
lunes, 16 de noviembre de 2009
Fuga
El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.
Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.
Y lo perdimos para siempre.
Ángel González
domingo, 15 de noviembre de 2009
Una humilde cursileria
Yo sé que existo
porque tu me imaginas.
Soy alto porque tu me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...
Ángel González
viernes, 13 de noviembre de 2009
Llueve porque te nombro y estoy triste,
porque ando tu silencio recorriendo,
y porque tanto mi esperanza insiste,
que deshojada en agua voy muriendo.
La lluvia es mi llamado que persiste
y que afuera te aguarda, padeciendo,
mientras por un camino que no existe
como una despedida estás viniendo.
La lluvia, fiel lamido, va a tu encuentro.
La lluvia, perro gris que reconoce
tu balada; la lluvia, mi recuerdo.
Iré a estrechar tu ausencia lluvia adentro,
a recibir tu olvido en largo roce:
Que mi sangre no sepa que te pierdo.
miércoles, 11 de noviembre de 2009
EL DÍA
Apenas si se mueve.
Recuerda.
(Mis ojos, más delgados,
la sueñan.)
!Qué fácil es la ausencia!
En las hojas del tiempo
esa gota del día
resbala, tiembla.
domingo, 8 de noviembre de 2009
Invernal
Pero sé que en algún momento
Tengo que haber soltando no sé que pesantez
No sé qué bulto de mi vida
Para poder así sonreír hoy a esta belleza
De eterna desmemoria
Sin que la limpidez inesperada de mi aliento
Empañe este cristal frío y sin bordes
Desde cuyos dos lados nos miramos.
viernes, 6 de noviembre de 2009
Huellas
T.
lunes, 2 de noviembre de 2009
...un vinito extraordinario
...por ahí y en esos días.
(...) Los mirábamos, jugando a acercar los ojos al vidrio, pegando la nariz, encolerizando a las viejas vendedoras armadas de redes de cazar mariposas acuáticas, y comprendíamos cada vez peor lo que es un pez, por ese camino de no comprender nos íbamos acercando a ellos que no se comprenden, franqueábamos las peceras y estábamos tan cerca como nuestra amiga, la vendedora de la segunda tienda viniendo del Pont-Neuf, que te dijo: «El agua fría los mata, es triste el agua fría ...»
Descubríamos entre exclamaciones que enfurecían a las vendedoras -tan seguras de que no les compraríamos nada a 550 fr .pièce- los comportamientos, los amores, las formas. Era el tiempo delicuescente, algo como chocolate muy fino o pasta de naranja martiniquesa, en que nos emborrachábamos de metáforas y analogías, buscando siempre entrar. Y ese pez era perfectamente Giotto, te acordás, y esos dos jugaban como perros de jade, y un pez era la exacta sombra de una nube violeta... Descubríamos cómo la vida se instala en formas privadas de tercera dimensión, que desaparecen si se ponen de filo o dejan apenas una rayita rosada inmóvil vertical en el agua. Un golpe de aleta y monstruosamente está de nuevo ahí con ojos bigotes aletas y del vientre a veces saliéndole y flotando una transparente cinta de excremento que no acaba de soltarse, un lastre que de golpe los pone entre nosotros, los arranca a su perfección de imágenes puras, los compromete, por decirlo con una de las grandes palabras que tanto empleábamos por ahí y en esos días.
domingo, 1 de noviembre de 2009
CARTA DESDE PARÍS
Querido Gaspar lástima que nos desencontramos. Anoche volvimos a París y encontramos tu hermoso regalo. Esta alegría me hizo sentir doblemente la pena de no haber podido vernos aquí. Pero confío en que lo haremos el año próximo en México en el mes de Julio/Agosto. Me alegra además que el viaje por Europa haya sido positivo, como lo es siempre para la gente sensible y permeable a todas las maravillas que hay por este lado del planeta. Por mi parte he pasado unas vacaciones bastante terribles por que una hemorragia gástrica estuvo a punto de liquidarme al Sur de Francia, y sólo la abnegación y el talento de los médicos del hospital de Arky en Brons, me sacaron de una situación más que crítica. Estoy bien pero también débil y deberé cuidarme bastante en los meses que vienen. Gracias otra vez por el bello regalo y hasta que nos veamos.
Un abrazo de tu siempre amigo.
Las noches del iris negro II
Enrique Vila-Matas "Las noches del iris negro"
Las noches del iris negro I
-No es un sueño premonitorio -me ha dicho-, porque yo no pienso volver ni loca a la Argentina. Jamás volveremos a estar tú y yo juntos en las calles de Buenos Aires. Yo me quedo aquí, en Port del Vent. Varada, junto a ti.
Ha hecho uno de esos gestos mediante los cuales una persona manifiesta, sin darse cuenta, una gracia que no sabe que tiene. Y a la atracción que siento por ella se ha unido la que siento por este pueblo y por este mar, y desde ese momento Vistoria y Port del Vent han compuesto una única figura que se pierde no muy lejos de este paisaje de belleza y muerte, no muy lejos del filo mismo de mi horizonte.
Enrique Vila-Matas "Las noches del iris negro"
miércoles, 28 de octubre de 2009
Porque ahora paso mi mano sobe el envés de las hojas y sé leer su alfabeto
y si cierro los ojos oigo correr un río y es tu voz que despierta
porque mi cuerpo comienza ahora en ti y acaba más allá de la lluvia
donde alcanzan tus brazos y el miedo acuartelado no vigila
y sé llamar las cosas
de modo que éstas salten se desnuden
y todo sea reciente
para mis ojos que aman en tus ojos
porque en mi llanto crecen blandas plantas carnívoras
y mi sangre palpita como una iguana abierta
porque ahora mi cuerpo recupera sus partes
y nace una piel nueva que derrota el verano
porque me has enseñado a respirar.
Nos reciben las calles conocidas...
Nos reciben las calles conocidas
y la tarde empezada, los cansados
castaños cuyas hojas, obedientes,
ruedan bajo los pies del que regresa,
preceden, acompañan nuestros pasos.
Interrumpiendo entre la muchedumbre
de los que a cada instante se suceden,
bajo la prematura opacidad
del cielo, que converge hacia su término,
cada uno se interna olvidadizo,
perdido en sus cuarteles solitarios
del invierno que viene. ¿Recordáis
la destreza del vuelo de las aves,
el júbilo y los juegos peligrosos,
la intensidad de cierto instante, quietos
bajo el cielo más alto que el follaje?
Si por lo menos alguien se acordase,
si alguien súbitamente acometido
se acordase... La luz usada deja
polvo de mariposa entre los dedos.
Jaime Gil de Biedma
A la sombra del tiempo
Hoy andaba debajo de mí mismo...
Hoy andaba debajo de mí mismo
sin saber lo que hacía.
Hoy andaba debajo de la pena
con risa inexplicable.
Hoy andaba debajo de la risa
con todo el llanto a cuestas.
Hoy andaba debajo de las aguas
sin que fuese milagro comparable.
Hoy andaba debajo de la muerte
y no reconocía sus cimientos.
Andaba a la deriva por debajo del cuerpo
confundiendo los dedos con los ojos.
Hoy andaba debajo de mí mismo
sin poder contenerme.
"Breve son"1968
José Angel Valente
OCTUBRE
Hay una leve luz caída
entre las hojas de la tarde.
Dame
tu mano y cruza
de puntillas conmigo
para nunca pisarla,
para no arder tan tenue
en sus dormidas brasas
y consumirte lenta
en el perfil del aire.
(Octubre)
José Angel Valente
domingo, 25 de octubre de 2009
sábado, 24 de octubre de 2009
No apagues la luz papá
La cumbre de la montaña se alejaba perdiéndose cielo adentro y definitivamente supe que mi padre iba a morir. Recordé que hacia mucho tiempo que no nevaba sobre Santiago y me dije que yo ya había vivido lo suficiente, que ya era mucho mayor que él y que estaba bien. Le agradecí que hubiese vuelto a esperar 50 años porque yo a los 52 podía soportarlo. Le escogí la ropa y comencé a vestirlo. Mis camisas le quedaban algo grandes y al levantarle la cabeza para ponerle la que me pareció mejor sentí el primer golpe de las lágrimas detrás de mis ojos pugnando por salir. Me volví a decir que papá murió hace 50 años, a los 31, exactamente un 16 de febrero, y que tal vez me hizo falta, pero no es algo en lo que hubiese pensado mucho. No supe en qué instante regresó. Se instaló en mi pieza y durante los últimos años pudimos hablar algo. Ahora se había muerto y yo lo vestía mientras mi madre y mi hermana esperaban en el living. Cuando abrí la puerta para avisarles que ya podían entrar la furia del viento y del granizo me azotó aturdiéndome y ciego corrí a campo traviesa. Kurosawa, le grité, él volvió para morirse de nuevo conmigo. Al abrir los ojos vi encima de mí la blancura delirante de la cumbre y muy abajo las primeras luces de la ciudad encendiéndose. Sólo entonces pude llorar.
Raul Zurita -Las ciudades de agua.
...en un ricon del año...
...en un rincón del año...
V. Huidobro
Imaginar los sitios posibles donde estabas,
verte llegar sin noche a La Tertulia,
reconocer tu voz apresurada
al contar una anécdota
o preguntar por mí,
saber que nos mirábamos antes de conocernos,
son capítulos largos de mi vida.
Supongo que también te dejarán a ti
este mismo vacío,
esta impaciencia por estar sin nadie
mientras se nos olvida
todo el calor que duele de olvidado.
El naufragio es un don afín al hombre.
Después de que sucede
suelen tener las huellas
esa incomodidad que tienen las mentiras,
el recuerdo es un dogma,
la soledad el pecho que tú me acariciaste.
Pero cambiando de conversación
el tiempo -buen amigo
que deforma el pasado como el amor a un cuerpo-
hará que cada día no parezca un disparo,
que volvamos a vernos una tarde cualquiera,
en un rincón del año y sin sentir
demasiada impotencia.
Será seguramente
como volver a estar,
como vivir de nuevo en una edad difícil
o emborracharnos juntos
para pasar a solas la resaca.
Igual que quemaduras debajo de los dedos,
en un segundo plano
seguiremos presentes y esperando
ese momento exacto del náufrago en la orilla,
cuando al salir del mar
me escribas en la arena:
«Sé que el amor existe,
pero no sé dónde lo aprendí».
Luis García Montero (Encuentro de poetas del mundo latino -Morelia 2009)
domingo, 18 de octubre de 2009
Un regalo
Valor, Drogo. Y trató de armarse de fuerzas, de resistir a fondo, de bromear con el tremendo pensamiento. Puso en ello todo su ánimo, en un arranque desesperado, como si partiera él solo al asalto contra un ejército. Y súbitamente los viejos temores se desvanecieron, las pesadillas se debilitaron, la muerte perdió su rostro helador, mudándose en cosa sencilla y conforme a natura. El comandante Giovanni Drogo, consumido por la enfermedad y los años, pobre hombre, hizo fuerza contra el inmenso portón negro y advirtió que las hojas cedían, dando paso a la luz.
Sólo le disgustaba tener que marcharse de allí con aquel cuerpo suyo, de huesos sobresalientes, piel blanquecina y fláccida. Pero quién sabe si, al pasar el umbral, también él, Drogo, podría volver a ser como antes (no guapo porque guapo nunca lo había sido), pero sí con su fresca juventud. Qué alegría, se decía Drogo ante esa idea, como un niño, pues se sentía extrañamente libre y feliz.
Pero después algo pasó por su cabeza: ¿y si todo fuera un engaño? ¿Si dependierá sólo de la maravillosa puesta de sol, del aire perfumado, de la pausa de los dolores físicos, de las canciones del piso de abajo? ¿Si dentro de unos minutos, de una hora, tuviera que volver a ser Drogo el de antes, débil y derrotado?
No, no lo pienses, Drogo, basta de atormentarse ahora, lo peor ya ha pasado. Aunque te asalten los dolores, aunque ya no haya música para consolarte y en vez de esta bellísima noche lleguen nieblas fétidas, la cuenta saldrá igual. Lo peor ha pasado, no, no te pueden ya defraudar.
El cuarto se ha llenado de oscuridad, sólo con mucho trabajo se puede distinguir la blancura de la cama, y todo el resto está negro. Dentro de poco tendría que salir la luna.
jueves, 15 de octubre de 2009
domingo, 11 de octubre de 2009
Eielson
Escribo algo
algo todavía
algo más aún
añado palabras pájaros
hojas secas viento
borro palabras nuevamente
borro pájaros hojas secas viento
escribo algo todavía
palabras
De "Mutatis mutandis" 1967Eielson
martes, 6 de octubre de 2009
Cuántas y cuánto...
W.G. Sebald - Austerlitz
Instantes
El sonido de la velocidad de las cosas.
El sonido de la velocidad de las cosas es el sonido que Dios hace al respirar.
Rodrigo Fresán.
martes, 30 de junio de 2009
Pienso yo mucha veces...
Más que nunca ahí
Tomar el camión, subir, agarrar el cambio, leer sin interrupciones hasta la bajada, bajarse, cruzar la avenida, otras calles, unos ojos, tres pensamientos, un edificio que no habías visto, el tiempo, la mañana, el instante, tú, llegar sin aire, sentarse, mirar, escuchar, enterarse de que todo sigue igual, tres idiotas a la espalda, dos al frente, la mujer de siempre hablando sin parar, el mismo recuerdo de la luz, la luz otra vez, luego la sombra y la mirada de al lado que te confirma que sigues viva, que eres tú más que nunca, ahí, ese día, en esa clase con esa mirada, a solas, sin idiotas, sin la mujer, sin la luz, sin el tiempo: solos al fin. (S)
Recuerdo N: 6 (Respaldando)
sábado, 27 de junio de 2009
Grietas
Juzgo a veces que me gusta sufrir. Pero, francamente, yo preferiría otra cosa. Si un día amase, no sería amado. Basta con que quiera una cosa para que esa cosa muera. Mi destino, sin embargo, no tiene la fuerza de ser mortal para cosa ninguna. Tiene la debilidad de ser mortal en las cosas que me afectan. Y con esto queda todo dicho.
viernes, 26 de junio de 2009
Recuerdo N:5 (Cortázar)
Cortázar/Rayuela/Cap 34
La incomprensible susurro que nos persuade
Si yo pudiera morder toda la tierra
Y sentirle un sabor,
Y la tierra fuera una cosa para morder
Sería más feliz por un momento...
Mas yo no siempre quiero ser feliz
Hay que ser de vez en cuando Infeliz
Para poder ser natural...
No todos los días son de sol
Y la lluvia, cuando falta mucho, se ruega.
Por eso tomo la infelicidad con la felicidad
Naturalmente, como quien no se extraña
Que haya monyañas y llanuras
Y que haya rocas y hierba.
Lo que se necesita es ser natural y sereno
En la felicidad o la infelicidad,
Sentir como quien mira,
Pensar como quien anda,
Y cuando se va a morir, acordarse de que el día muere,
Y que el Poniente es bello y es bella la noche que
queda...
Y que se así es, es porque es así.
Alberto Caeiro.
miércoles, 24 de junio de 2009
martes, 23 de junio de 2009
Sueño recuerdos N: 2 (un poema)
Y al cielo con instintos de infinito
Lejos de ti todo es mortal
Lanzas la agonía por la tierra
humillada de noches
Sólo lo que piensa en ti tiene sabor a eternidad
Canto II de Altazor/ Vicente Huidobro
lunes, 22 de junio de 2009
Manuscrito hallado en una libreta...
He terminado de pintar la casa, aún no se bien el color, pero ya la verás cuando vengas y podrás decirme el color. Está tarde llovió poco y el olor de la tierra mojada me recordó la ciudad de las hojas donde nos paseábamos, creí y estuve segura por un momento que era la ciudad de lodo, la de tierra mojada que invita al desconsuelo. ahora qué ya no estoy allí me sigue causando la misma tristeza de esos días.
F.
domingo, 21 de junio de 2009
jueves, 18 de junio de 2009
28/Nov/2007
Me habitué a vivir en dos. Cambie los códigos de mi comunicación más íntima y los hice casi invisibles desde afuera. Destruí todos aquellos lugares comunes a los que acudimos para no sentirnos solos cuando estamos con los que no tenemos nada que compartir. Me fui aislando dulcemente en aquel espacio tibio de aroma suave que era el estar juntos, compartir la misma ventana hacia la vida, espiarte aquel cuadro de imágenes y músicas que pintabas viendo al vacío cuando te sentías sola. Ahora todo recuerdo, pasado o futuro, se cifra en una lengua que yo, solo, no completo, no es divertido hablar si nadie ríe como tú lo hacías. No sé…me pierdo de pronto, en medio de todos, volteo la mirada hacia un espacio vacío donde escapar y escucho un eco, la melodía de un instante que viví contigo. Ignoro otra forma de sentir que tenga que ver con los demás; balbuceo sin sentido si digo lo que siento, horroroso silencio de no tener nada que compartir a los demás, que son el mundo. Vivo en un recuerdo circular- una serie de recuerdos construidos contigo que lo contienen todo- donde de algún modo ya todo lo hablé, ya todo lo escuché. En ese recuerdo conjuré cada una de las partículas de los tiempos vividos y por vivir. Es vergonzoso estar aquí, sintiendo de una forma en la que nadie entiende, a la que nadie de los de aquí pertenece.
Penetran en mí agujas de una vida a la que según recuerdo, solía sentir. Hoy entra mucha luz por la ventana, observo a través de ella, una hoja amarilla que se viste de muerte, no lo sé pero tal vez una hoja que muere pierde el peso del pasado; el dulce oficio de rescatar hojas que morían, aliviarlas de todo ayer para así burlar al tiempo y no sin nostalgia poder conjurar en ellas lo que fuimos y sentimos en ese momento -guardaremos este día entre las horas para siempre- conjurarlo ahí donde ya nadie puede robar la vida, protegerlo del enemigo: nosotros y el olvido.
Me siguen acompañando hasta hoy, son más de veinte; las veo juntas y trato de precisar el lugar y la fecha de cada una, pero yo no soy así, no suelo recordar de esta manera. Para mí todas ellas son una misma sensación, la reiteración de un gesto hermoso que comunica lo que no se puede decir, la misma materia con la que una mirada dice adiós y un silencio dice: te extraño. (Para S)
Allegro
miércoles, 17 de junio de 2009
Adagio
sábado, 13 de junio de 2009
Teoría de Budapest
jueves, 11 de junio de 2009
Todo es otoño
Cada otoño que viene está más cerca del último otoño que tendremos, y lo mismo es verdad para el verano o estío; pero el otoño recuerda, por ser lo que es, el acabamiento de todo, y el verano o estío es fácil, a fuerza de mirar, que lo olvidemos. No es todavía otoño, no hay todavía en el aire el amarillo de las hojas caídas o la tristeza húmeda del tiempo que va a ser más tarde invierno. Pero hay un resquicio de tristeza anticipada, una pena vestida para el viaje, en el sentimiento con que estamos vagamente atentos a la difusión coloreada de las cosas, al tono diferente del viento, al sosiego más viejo que se arrastra, al caer de la noche, por la presencia inevitable del universo.



