viernes, 25 de diciembre de 2009

Tiempo

"Los sucesos ordinarios están alineados en el tiempo, permanecen enhebrados en su curso como en un hilo. Allí tienen sus antecedentes y sus consecuentes que, apretujándose, se pisan los talones sin parar, sin cesar. Mas, ¿qué hacer con los acontecimientos que no tienen su propio lugar en el tiempo, los acontecimientos que llegaron demasiado tarde, cuando el tiempo ya había sido distribuido, compartido, descompuesto, y ahora se hallan suspendidos, no clasificados, flotando en el aire desamparados y errantes? ¿Acaso el tiempo es demasiado insignificante para todos los sucesos? ¿Es posible que todas las localidades del tiempo fuesen vendidas? Preocupados, corremos a lo largo del tren de sucesos preparándonos para el viaje. Por el amor de Dios, ¿acaso no hay aquí venta de billetes para el tiempo?...
¡Señor revisor!"

Bruno Schulz

jueves, 24 de diciembre de 2009

Correspondencia sin palabras

11. Soledad

Soledad imposible conmigo tan aquí
y mi memoria tan despierta.

Y además la plegaria
por la estrella perdida, tan sin luz,
por Blanca de Nieves, dormida
nube con luna en su ataúd de cielo,
y por el campo, ese hospiciano prófugo
que equivocó la senda y se tiró,
ya cansado, a la orilla del camino,
desesperando de llegar al pueblo.

Y hay también las canciones perdidas
que no se sabe nunca quien cantó;
y esta correspondencia sin palabras
de ojos a estrella, de alma a luz de luna.

Gilberto Owen

viernes, 18 de diciembre de 2009

...cómo se sacudía el paraíso

(...) Sintió que su mano izquierda, al querer levantarse, caía muerta sobre sus rodillas; pero no hizo caso de eso. Estaba acostumbrado a ver morir cada día alguno de sus pedazos. Vio cómo se sacudía el paraíso dejando caer sus hojas: "Todos escogen el mismo camino. Todos se van." Después volvió al lugar donde había dejado sus pensamientos.
-Susana -dijo. Luego cerró los ojos-. Yo te pedí que regresaras...

Pedro Páramo/ Juan Rulfo

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Tiempo

¡Han pasado tantos años que ya debe de ser martes!
...............

La costurera y el viento- César Aira

viernes, 4 de diciembre de 2009

Comparación


Estas solo, lo mismo
Yo no toco tu vida, tu soledad, tu frente,
yo no soy en tu noche más que un lago, una copa...


Como en la playa virgen
dobla el viento
el leve junco verde
que dibuja
un delicado círculo en la arena
así en mí
tu recuerdo

Idea Vilariño

lunes, 30 de noviembre de 2009

La costurera y el viento

Días de ocio en la Patagonia...Días de turista en París...
La vida lleva a la gente a toda clase de lugares lejanos, y por lo general termina llevándolos a los más lejanos de todos, a los más extremos, porque no hay motivo para frenar su empuje a medio camino. Más allá, siempre más allá... hasta que deja de haber más allá, y entonces los hombres rebotan, y quedan expuestos a un clima, a una luz... El recuerdo es una miniatura lumínica, como el holograma de la princesa, en aquella película, que transportaba en sus circuitos el robot fiel, de galaxia en galaxia. La tristeza inherente añ recuerdo proviene de que su objeto es el olvido. Todo el movimiento, la gran línea, el viaje, es un arrebato de olvido, que se curva en la burbuja del recuerdo. El recuerdo es siempre portátil, siempre está en manos de un autómata vagabundo.
El mundo, la vida, el amor, el trabajo: vientos. Grandes trenes cristalinos que pasan pitando por el cielo. El mundo está envuelto en vientos que van y vienen... Pero no es tan simple, tan simétrico. Los vientos de verdad, las masas de aire que se desplazan entre diferencias de presión, terminan volviéndose siempre para el mismo lado, y se reúnen en los cielos argentinos; vientos grandes y pequeños, los vientos cosmopolitas y oceánicos tanto como los diminutos soplos de jardín: un embudo de las estrellas los reúne a todos, adornados con sus velocidades y direcciones como cintas en los peinados, y van a parar a esa región privilegiada de la atmósfera que es la Patagonia. Es por eso que allí las nubes son lo momentáneo por excelencia, como decía Leibniz que eran las cosas ("las cosas son mentes momnetáneas": una silla es exactamente como un hombre que viviera un solo instante). Las nubes patagónicas acogen y acomodan todas las transformaciones dentro de un solo instante, todas sin excepción. Por eso el instante, que en cualquier parte es seco y fijo como un clic, en la Patagonia es fluido, misterioso, novelesco. Darwin lo llamó: la Evolución. Hudson: la Acentación.
No estoy hablando en metáforas patrioticas. Esto es real.
Viajar es real. Abrir la puerta de todos los miedos es real, aunque no lo sea lo que hubo antes ni lo que viene después, ni los motivos ni las consecuencias. En realidad no acierto a explicarme cómo es que la gente puede tomar la decisión de viajar. Quizás me convendría estudiar la obra de esos poetas japoneses que se trasladaban de paisaje en paisaje encontrando temas para sus composiciones algo incoherentes. Quizás ahí está la explicación. "A la mañana siguiente el cielo estaba muy claro, y en el preciso momento en que el sol alcanzaba su mayor brillo, salimos en el bote por la bahía" (Basho).
Los cielos de la Patagonia están siempre limpios. Allí se reúnen los vientos, en una gran feria de transformaciones invisibles. Es como decir que allí sucede todo, y el resto del mundo se disuelve en la lejanía, inoperante, la China, Polonia, Egipto... París, la miniatura lumínica. Todo. Sólo queda ese espacio radiante, la Argentina, hermosa como un paraíso.
¿Cómo viajar? ¿Cómo vivir en otra parte? ¿No sería una locura, una autoaniquilación? No pertenecer es precipitarse en la nada, y eso a nadie le gusta.
Y en plena transparencia... Quiero anotar una idea, aunque no tiene nada que ver, antes de que me la olvide: ¿no será que los ideogramas chinos fueron pensados originalmente para ser escritos en vidrio, para poder leerlos del otro lado? Quizás de ahí proviene todo el malentendido.
Y en plena transparencia, decía... un vestido de novia. ¿Una nube? No. Un vestido blanco, claro que sin forma de vestido, o mejor dicho: sin forma humana, la que toma puesto en su dueña o en un maniquí, sino en su forma auténtica, la forma pura de vestido, que nadie tiene la ocación de ver nunca, porque no es cuestión de verlo hecho un montón de tela tirado sobre una mesa o una silla. Eso es informe. La forma del vestido es una transformación, ilimitada.
Y era el vestido de novia más bello y complicado que se hubiera hecho nunca, un desplegarse de todos los pliegues blancos, maqueta blanca de un universo de blancuras. A diez mil metros de altura, volando con lo que parecía una majestuosa lentitud aunque debía de ir mur rápido (no había punto de referencia, en ese abismo celeste de puro día). Y cambiando de forma sin cesar, siempre, macrocisne, abriendo alas nuevas, nunca las mismas, la cola de catorce metros, hiperespuma, cadáver exquisito, pétalos de hielo.

César Aira- La costurera y el viento

sábado, 28 de noviembre de 2009

Poema incompleto

Ahora, amiga mía...

Ahora, amiga mía
que una flor de papel preside el aire,
que el aire se deshace en dulces pétalos
de jadeante miel en tus rodillas,
ahora que no hablamos del otoño
ya nunca más
para no tropezar con tu mirada,
ahora que te adentras por la vida,
ligera, según dices,
desposeída al fin de prejuicios,
ideas recibidas, tiempo estéril,
incomprensibles normas y principios,
ay -ahora
que la virginidad navega todavía
como un barco vacío por oscuros telares,
por intactos desvanes y sueños sin sentido,
qué hacer en medio de la tarde,/

José Angel Valente

martes, 24 de noviembre de 2009

jueves, 19 de noviembre de 2009

La estrella

La he visto. Afuera, muy arriba por la ventana, se esconde una pequeña estrella que parpadea, todas las noches se le puede ver. A su alrededor no hay muchas más. La pobre no deja de temblar: ahora algo blanca, luego un poco azul y enseguida casi rojiza, no se decide. Por un leve instante pareciera que en su diminuta danza se apagara definitivamente, pero no lo hace, ella nunca lo hace. La estrella que llora desde antes que se inventara la eternidad, el cielo o la noche. ¿Es que tal vez sea su latir una violenta insistencia por desvanecerse? o puede ser que la estrella agonice y peor aún, haya muerto y su muerte aún viaje años luz hacia aquí. Así, desde siempre, desde antes de la primera lágrima y el primer dolor. No sé, tal vez sólo palpite a colores para sí, para nadie en particular, para vivir o no morir, la estrella es entonces toda corazón.

De T. para ti, S.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Fuga

El otoño se acerca

El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.


Ángel González

domingo, 15 de noviembre de 2009

Una humilde cursileria

Muerte en el olvido

Yo sé que existo
porque tu me imaginas.
Soy alto porque tu me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...


Ángel González

viernes, 13 de noviembre de 2009

Lluvia

Llueve porque te nombro y estoy triste,
porque ando tu silencio recorriendo,
y porque tanto mi esperanza insiste,
que deshojada en agua voy muriendo.

La lluvia es mi llamado que persiste
y que afuera te aguarda, padeciendo,
mientras por un camino que no existe
como una despedida estás viniendo.

La lluvia, fiel lamido, va a tu encuentro.
La lluvia, perro gris que reconoce
tu balada; la lluvia, mi recuerdo.

Iré a estrechar tu ausencia lluvia adentro,
a recibir tu olvido en largo roce:
Que mi sangre no sepa que te pierdo.

Amelia Biagioni

OTRA CARTA

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Black and White Night

EL DÍA

Amaneció sin ella.
Apenas si se mueve.
Recuerda.

(Mis ojos, más delgados,
la sueñan.)

!Qué fácil es la ausencia!

En las hojas del tiempo
esa gota del día
resbala, tiembla.

Jaime Sabines

domingo, 8 de noviembre de 2009

Invernal


No sé como lo hice
Pero sé que en algún momento
Tengo que haber soltando no sé que pesantez
No sé qué bulto de mi vida
Para poder así sonreír hoy a esta belleza
De eterna desmemoria
Sin que la limpidez inesperada de mi aliento
Empañe este cristal frío y sin bordes
Desde cuyos dos lados nos miramos.

Tomás Segovia

viernes, 6 de noviembre de 2009

Huellas

Es sencillo, ocurre que me he sentido solo y ya sabes he abierto un libro; no el que estaba allí, a la mano, el otro, ese que no tendría porque abrir. Apenas hacia volar con mi pulgar las primeras páginas cuando la he visto moverse ligeramente, fugaz. Me ha sorprendido y es verdad me ha dado pena verla. Su dorso aún verde le daba una apariencia fresca, pero bastaba con fijar un momento más la vista para dar cuenta de la fatalidad. La vi por un momento más, tratando de recordar cuándo y dónde. Y no he podido recordar nada. Ha muerto de olvido, me dije. Por un momento he pensando que es tonto sentir pena por una hoja abandonada en un libro y mirando de nuevo el pequeño cadáver he sentido lástima de haber pensado eso. No he querido dejarla ahí pero no se me ha ocurrido otro lugar donde ponerla. De pronto todo me ha parecido más triste, he cerrado el libro y la he dejado dentro, el título de éste me ha parecido el más adecuado: La fábula del tiempo, después de todo parece que ese es el mejor lugar para que la deje. He pensando que harías tú de encontrarte con el cuerpo de una hoja en la fábula del tiempo, así que regrese, abrí el libro donde mismo, y estaba allí, tan a la vista, en medio de todo, le he dedicado una mirada cómplice de gratitud a tu hoja y he leído: Aquí yacen tus pasos, en el anonimato de las huellas.

T.

lunes, 2 de noviembre de 2009

...un vinito extraordinario

Dónde estarás,
Dónde estaremos desde hoy,
dos puntos en un universo inexplicable,
cerca lejos dos puntos que crean una línea, dos puntos que se acercan y se alejan arbitrariamente

...por ahí y en esos días.



(...) Los mirábamos, jugando a acercar los ojos al vidrio, pegando la nariz, encolerizando a las viejas vendedoras armadas de redes de cazar mariposas acuáticas, y comprendíamos cada vez peor lo que es un pez, por ese camino de no comprender nos íbamos acercando a ellos que no se comprenden, franqueábamos las peceras y estábamos tan cerca como nuestra amiga, la vendedora de la segunda tienda viniendo del Pont-Neuf, que te dijo: «El agua fría los mata, es triste el agua fría ...»
Descubríamos entre exclamaciones que enfurecían a las vendedoras -tan seguras de que no les compraríamos nada a 5
50 fr .pièce- los comportamientos, los amores, las formas. Era el tiempo delicuescente, algo como chocolate muy fino o pasta de naranja martiniquesa, en que nos emborrachábamos de metáforas y analogías, buscando siempre entrar. Y ese pez era perfectamente Giotto, te acordás, y esos dos jugaban como perros de jade, y un pez era la exacta sombra de una nube violeta... Descubríamos cómo la vida se instala en formas privadas de tercera dimensión, que desaparecen si se ponen de filo o dejan apenas una rayita rosada inmóvil vertical en el agua. Un golpe de aleta y monstruosamente está de nuevo ahí con ojos bigotes aletas y del vientre a veces saliéndole y flotando una transparente cinta de excremento que no acaba de soltarse, un lastre que de golpe los pone entre nosotros, los arranca a su perfección de imágenes puras, los compromete, por decirlo con una de las grandes palabras que tanto empleábamos por ahí y en esos días.


Julio Cortázar -Rayuela (Capítulo 8)

domingo, 1 de noviembre de 2009

CARTA DESDE PARÍS

París 9 de octubre de 1981


Querido Gaspar lástima que nos desencontramos. Anoche volvimos a París y encontramos tu hermoso regalo. Esta alegría me hizo sentir doblemente la pena de no haber podido vernos aquí. Pero confío en que lo haremos el año próximo en México en el mes de Julio/Agosto. Me alegra además que el viaje por Europa haya sido positivo, como lo es siempre para la gente sensible y permeable a todas las maravillas que hay por este lado del planeta. Por mi parte he pasado unas vacaciones bastante terribles por que una hemorragia gástrica estuvo a punto de liquidarme al Sur de Francia, y sólo la abnegación y el talento de los médicos del hospital de Arky en Brons, me sacaron de una situación más que crítica. Estoy bien pero también débil y deberé cuidarme bastante en los meses que vienen. Gracias otra vez por el bello regalo y hasta que nos veamos.
Un abrazo de tu siempre amigo.

JULIO

Las noches del iris negro II

Y hemos salido, sabiendo que no vamos a ninguna parte. Y ahora vamos caminando por la playa. Llueve sobre Port del Vent. Llueve en el mar con un murmullo lento, y oigo la brisa que gime dolorosamente. Y me digo que estoy bien aquí, atrapado en este pueblo junto al mar. Me gusta mucho estar cerca de este mar, nunca debí alejarme tanto de él. Siento ante el oleaje una sensación de libertad sólo comparable a la que percibo ahora al notar que Victoria u yo andamos en la buena compañía de quienes supieron afrontar la muerte con serenidad antigua. A éstos, hace unos instantes, los hemos llevado silenciosamentea nuestro interior y hemos pasado a ser ellos. Y yo voy andando por la playa de Port del Vent bajo la lluvia, y me digo todo esto y escucho y contemplo el oleaje y me digo que sí, que toda la noche cabe en una mirada del color iris negro, en una sola y quieta mirada de sosiego (...)

Enrique Vila-Matas "Las noches del iris negro"

Las noches del iris negro I

Esta mañana, al despertar, Victoria me ha dicho que ha soñado que caminábamos los dos por la calle Florida, en Buenos Aires, y que ante nosotros se extendía la plaza San Martín y que nos negábamos a atravesarla, pero que finalmente lo hacíamos mientras un viento frío venido de muy lejos nos traspasaba. La plaza casi flotaba, en el aire, y allá a lo lejos, en los confines azulados del agua, de la niebla y del cielo blanquecino, se veían vagar humos que se deslizaban o ascendían desde los barcos que yacían inertes en el Río de la Plata.
-No es un sueño premonitorio -me ha dicho-, porque yo no pienso volver ni loca a la Argentina. Jamás volveremos a estar tú y yo juntos en las calles de Buenos Aires. Yo me quedo aquí, en Port del Vent. Varada, junto a ti.
Ha hecho uno de esos gestos mediante los cuales una persona manifiesta, sin darse cuenta, una gracia que no sabe que tiene. Y a la atracción que siento por ella se ha unido la que siento por este pueblo y por este mar, y desde ese momento Vistoria y Port del Vent han compuesto una única figura que se pierde no muy lejos de este paisaje de belleza y muerte, no muy lejos del filo mismo de mi horizonte.

Enrique Vila-Matas "Las noches del iris negro"

miércoles, 28 de octubre de 2009

Ahora

Me has enseñado a respirar
Juan Gelman

Porque ahora paso mi mano sobe el envés de las hojas y sé leer su alfabeto
y si cierro los ojos oigo correr un río y es tu voz que despierta

porque mi cuerpo comienza ahora en ti y acaba más allá de la lluvia
donde alcanzan tus brazos y el miedo acuartelado no vigila

y sé llamar las cosas
de modo que éstas salten se desnuden
y todo sea reciente
para mis ojos que aman en tus ojos

porque en mi llanto crecen blandas plantas carnívoras
y mi sangre palpita como una iguana abierta

porque ahora mi cuerpo recupera sus partes
y nace una piel nueva que derrota el verano

porque me has enseñado a respirar.

Piedad Bonett

Nos reciben las calles conocidas...

Nos reciben las calles conocidas...

Nos reciben las calles conocidas
y la tarde empezada, los cansados
castaños cuyas hojas, obedientes,
ruedan bajo los pies del que regresa,
preceden, acompañan nuestros pasos.
Interrumpiendo entre la muchedumbre
de los que a cada instante se suceden,
bajo la prematura opacidad
del cielo, que converge hacia su término,
cada uno se interna olvidadizo,
perdido en sus cuarteles solitarios
del invierno que viene. ¿Recordáis
la destreza del vuelo de las aves,
el júbilo y los juegos peligrosos,
la intensidad de cierto instante, quietos
bajo el cielo más alto que el follaje?
Si por lo menos alguien se acordase,
si alguien súbitamente acometido
se acordase... La luz usada deja
polvo de mariposa entre los dedos.

Jaime Gil de Biedma

A la sombra del tiempo

Hoy andaba debajo de mí mismo...

Hoy andaba debajo de mí mismo
sin saber lo que hacía.

Hoy andaba debajo de la pena
con risa inexplicable.

Hoy andaba debajo de la risa
con todo el llanto a cuestas.

Hoy andaba debajo de las aguas
sin que fuese milagro comparable.

Hoy andaba debajo de la muerte
y no reconocía sus cimientos.

Andaba a la deriva por debajo del cuerpo
confundiendo los dedos con los ojos.

Hoy andaba debajo de mí mismo
sin poder contenerme.

"Breve son"1968

José Angel Valente

OCTUBRE

Hay una leve luz caída...

Hay una leve luz caída
entre las hojas de la tarde.
Dame
tu mano y cruza
de puntillas conmigo
para nunca pisarla,
para no arder tan tenue
en sus dormidas brasas
y consumirte lenta
en el perfil del aire.

(Octubre)

José Angel Valente

domingo, 25 de octubre de 2009

sábado, 24 de octubre de 2009

No apagues la luz papá

Papá ha vuelto

La cumbre de la montaña se alejaba perdiéndose cielo adentro y definitivamente supe que mi padre iba a morir. Recordé que hacia mucho tiempo que no nevaba sobre Santiago y me dije que yo ya había vivido lo suficiente, que ya era mucho mayor que él y que estaba bien. Le agradecí que hubiese vuelto a esperar 50 años porque yo a los 52 podía soportarlo. Le escogí la ropa y comencé a vestirlo. Mis camisas le quedaban algo grandes y al levantarle la cabeza para ponerle la que me pareció mejor sentí el primer golpe de las lágrimas detrás de mis ojos pugnando por salir. Me volví a decir que papá murió hace 50 años, a los 31, exactamente un 16 de febrero, y que tal vez me hizo falta, pero no es algo en lo que hubiese pensado mucho. No supe en qué instante regresó. Se instaló en mi pieza y durante los últimos años pudimos hablar algo. Ahora se había muerto y yo lo vestía mientras mi madre y mi hermana esperaban en el living. Cuando abrí la puerta para avisarles que ya podían entrar la furia del viento y del granizo me azotó aturdiéndome y ciego corrí a campo traviesa. Kurosawa, le grité, él volvió para morirse de nuevo conmigo. Al abrir los ojos vi encima de mí la blancura delirante de la cumbre y muy abajo las primeras luces de la ciudad encendiéndose. Sólo entonces pude llorar.

Raul Zurita -Las ciudades de agua.

...en un ricon del año...

Imaginar los sitios posibles donde estabas...

...en un rincón del año...
V. Huidobro

Imaginar los sitios posibles donde estabas,
verte llegar sin noche a La Tertulia,
reconocer tu voz apresurada
al contar una anécdota
o preguntar por mí,
saber que nos mirábamos antes de conocernos,
son capítulos largos de mi vida.

Supongo que también te dejarán a ti
este mismo vacío,
esta impaciencia por estar sin nadie
mientras se nos olvida
todo el calor que duele de olvidado.

El naufragio es un don afín al hombre.
Después de que sucede
suelen tener las huellas
esa incomodidad que tienen las mentiras,
el recuerdo es un dogma,
la soledad el pecho que tú me acariciaste.

Pero cambiando de conversación
el tiempo -buen amigo
que deforma el pasado como el amor a un cuerpo-
hará que cada día no parezca un disparo,
que volvamos a vernos una tarde cualquiera,
en un rincón del año y sin sentir
demasiada impotencia.

Será seguramente
como volver a estar,
como vivir de nuevo en una edad difícil
o emborracharnos juntos
para pasar a solas la resaca.

Igual que quemaduras debajo de los dedos,
en un segundo plano
seguiremos presentes y esperando
ese momento exacto del náufrago en la orilla,
cuando al salir del mar
me escribas en la arena:
«Sé que el amor existe,
pero no sé dónde lo aprendí».

Luis García Montero (Encuentro de poetas del mundo latino -Morelia 2009)

domingo, 18 de octubre de 2009

Un regalo

Le pareció que la fuga del tiempo se había detenido, como un encanto roto. El torbellino se había hecho en los últimos tiempos cada vez más intenso, y después repentinamente nada, el mundo se estancaba en horizontal apatía y los relojes corrían inútilmente. El camino de Drogo había terminado; ahora estaba en la solitaria orilla de un mar gris y uniforme, y a su alrededor ni una casa, ni un árbol, ni un hombre, todo así desde tiempo inmemorial. "Valor, Drogo, ésta es la última carta, marcha al encuentro de la muerte como un soldado, y que tu existencia equivocada acabe bien, al menos. Véngate finalmente de la suerte, nadie cantará tus alavanzas, nadie te llamará héroe o algo similar, pero precisamente por eso vale la pena. Cruza con pie firme el límite de la sombra, erguido como en un desfile, y sonríe incluso, si lo logras. Después de todo, la conciencia no está demasiado cargada y Dios sabrá perdonar."
Valor, Drogo. Y trató de armarse de fuerzas, de resistir a fondo, de bromear con el tremendo pensamiento. Puso en ello todo su ánimo, en un arranque desesperado, como si partiera él solo al asalto contra un ejército. Y súbitamente los viejos temores se desvanecieron, las pesadillas se debilitaron, la muerte perdió su rostro helador, mudándose en cosa sencilla y conforme a natura. El comandante Giovanni Drogo, consumido por la enfermedad y los años, pobre hombre, hizo fuerza contra el inmenso portón negro y advirtió que las hojas cedían, dando paso a la luz.
Sólo le disgustaba tener que marcharse de allí con aquel cuerpo suyo, de huesos sobresalientes, piel blanquecina y fláccida. Pero quién sabe si, al pasar el umbral, también él, Drogo, podría volver a ser como antes (no guapo porque guapo nunca lo había sido), pero sí con su fresca juventud. Qué alegría, se decía Drogo ante esa idea, como un niño, pues se sentía extrañamente libre y feliz.
Pero después algo pasó por su cabeza: ¿y si todo fuera un engaño? ¿Si dependierá sólo de la maravillosa puesta de sol, del aire perfumado, de la pausa de los dolores físicos, de las canciones del piso de abajo? ¿Si dentro de unos minutos, de una hora, tuviera que volver a ser Drogo el de antes, débil y derrotado?
No, no lo pienses, Drogo, basta de atormentarse ahora, lo peor ya ha pasado. Aunque te asalten los dolores, aunque ya no haya música para consolarte y en vez de esta bellísima noche lleguen nieblas fétidas, la cuenta saldrá igual. Lo peor ha pasado, no, no te pueden ya defraudar.
El cuarto se ha llenado de oscuridad, sólo con mucho trabajo se puede distinguir la blancura de la cama, y todo el resto está negro. Dentro de poco tendría que salir la luna.

El desierto de los tártaros - Dino Buzzati

domingo, 11 de octubre de 2009

Eielson

Escribo algo...

Escribo algo
algo todavía
algo más aún
añado palabras pájaros
hojas secas viento
borro palabras nuevamente
borro pájaros hojas secas viento
escribo algo todavía
palabras

De "Mutatis mutandis" 1967Eielson

sábado, 10 de octubre de 2009

"Oponerse al destino, olvidar a la muerte" Arakawa-Gins (Arquitectos)

martes, 6 de octubre de 2009

Cuántas y cuánto...

"Cuántas cosas y cuánto caen continuamente en el olvido, al extinguirse cada vida; cómo el mundo, por decirlo así, se vacía a sí mismo, porque las historias unidas a innumerables lugares y objetos, que no tienen capacidad para recordar, no son oídas, descritas ni transmitidas por nadie."

W.G. Sebald - Austerlitz

Instantes

«Hay un instante en que, sin saberlo, todo adquiere un mismo impulso y una misma armonía y un sonido inconfundible y preciso.
El sonido de la velocidad de las cosas.
El sonido de la velocidad de las cosas es el sonido que Dios hace al respirar.
Algo de eso hay en el segundo en que cambian las mareas o en el chasquido del primer copo de nieve desprendiéndose de los cielos.»

Rodrigo Fresán.

martes, 30 de junio de 2009

Pienso yo mucha veces...

... nos hace tratarnos con delicadeza en nuestro caso y a la vez con gran confianza, quiero decir que nos lo contamos todo y nos decimos palabras de consuelo o distracción o ánimo cuando advertimos que esas palabras nos son necesarias al uno o al otro. También nos echamos de menos cuando no estamos juntos, una de esas personas (en la vida de cada cual hay cuatro o cinco, y de ellas se sufre en verdad la pérdida) a las que uno está acostumbrado a informar de lo que ocurre, es decir, en las que uno piensa cuando le sucede algo, divertido o dramático, y para las que uno acumula hechos y anécdotas. De buena gana se aceptan reveses porque van a relatarse a esas cinco personas. "Esto tengo que contárselo a Berta", piensa uno (pienso yo muchas veces).
Javier Marías/ Corazón tan Blanco

Recuerdo N: 7 ( Roberto Benigni)

Más que nunca ahí

Tomar el camión, subir, agarrar el cambio, leer sin interrupciones hasta la bajada, bajarse, cruzar la avenida, otras calles, unos ojos, tres pensamientos, un edificio que no habías visto, el tiempo, la mañana, el instante, tú, llegar sin aire, sentarse, mirar, escuchar, enterarse de que todo sigue igual, tres idiotas a la espalda, dos al frente, la mujer de siempre hablando sin parar, el mismo recuerdo de la luz, la luz otra vez, luego la sombra y la mirada de al lado que te confirma que sigues viva, que eres tú más que nunca, ahí, ese día, en esa clase con esa mirada, a solas, sin idiotas, sin la mujer, sin la luz, sin el tiempo: solos al fin. (S)

Recuerdo N: 6 (Respaldando)

"Es el pecho de otra persona lo que nos respalda, sólo nos sentimos respaldados de veras cuando hay alguien detrás, lo indica la propia palabra, a nuestras espaldas, como en inglés también, to back, alguien a quien acaso no vemos y que nos cubre la espalda con su pecho que está a punto de rozarnos y acaba siempre rozándonos, y a veces, incluso, ese alguien nos pone una mano en el hombro con la que nos apacigua y también nos sujeta. Así duermen o creen que duermen la mayoría de los matrimonios y de las parejas, los dos se vuelven hacia el mismo lado cuando se despiden, de manera que uno le da al otro la espalda a lo largo de la noche entera y se sabe respaldado por él o ella, por ese otro, y en medio de la noche, al despertar sobresaltado por una pesadilla o ser incapaz de conciliar el sueño, al padecer una fiebre o creerse solo y abandonado a oscuras, no tiene más que darse vuelta y ver entonces, de frente, el rostro del que le protege, que se dejará besar lo que en el rostro es besable (nariz, ojos, boca, mentón, frente y mejillas, es todo el rostro) o quizá, medio dormido, le podrá una mano en el hombro para apaciguarle, o para sujetarle, o para agarrarse acaso." Corazón tan blanco/ Javier Marías.

sábado, 27 de junio de 2009

Grietas

Los otros tienen personas dedicadas a ellos. Yo nunca tuve ni siquiera alguien que pensara en dedicarse a mí. A los otros lo sirven: a mí me tratan bien.
Juzgo a veces que me gusta sufrir. Pero, francamente, yo preferiría otra cosa. Si un día amase, no sería amado. Basta con que quiera una cosa para que esa cosa muera. Mi destino, sin embargo, no tiene la fuerza de ser mortal para cosa ninguna. Tiene la debilidad de ser mortal en las cosas que me afectan. Y con esto queda todo dicho.

viernes, 26 de junio de 2009

Recuerdo N:5 (Cortázar)

...y sin embargo los dos. Maga estamos componiendo una figura, vos un punto en alguna parte, yo otro en alguna parte, desplazándonos, vos ahora a lo mejor en la rue de la Huchette, yo ahora descubriendo en tu pieza vacía esta novela, mañana en la Gare de Lyon (si vas a Lucca, amor mío) y yo en la rue du Chemin Vert, donde; me tengo descubierto un vinito extraordinario, y poquito a poco, Maga, vamos componiendo una figura absurda, dibujamos con nuestros movimientos una figura idéntica a la que dibujan las moscas cuando vuelan en una pieza de aqui para allá, bruscamente dan media vuelta, de allá para aquí, eso es lo que se llama movimiento brownoideo, ¿ahora entendés?, un ángulo recto, una línea que sube, de aquí para allá, del fondo al frente, hacia arriba hacia abajo, espasmódicamente, frenando en seco y arrancando en el mismo instante en otra dirección, y todo eso va tejiendo un dibujo, danzando para nadie, ni siquiera para ellos mismos, una interminable figura son sentido.

Cortázar/Rayuela/Cap 34

La incomprensible susurro que nos persuade

XXI
Si yo pudiera morder toda la tierra
Y sentirle un sabor,
Y la tierra fuera una cosa para morder
Sería más feliz por un momento...
Mas yo no siempre quiero ser feliz
Hay que ser de vez en cuando Infeliz
Para poder ser natural...

No todos los días son de sol
Y la lluvia, cuando falta mucho, se ruega.
Por eso tomo la infelicidad con la felicidad
Naturalmente, como quien no se extraña
Que haya monyañas y llanuras
Y que haya rocas y hierba.

Lo que se necesita es ser natural y sereno
En la felicidad o la infelicidad,
Sentir como quien mira,
Pensar como quien anda,
Y cuando se va a morir, acordarse de que el día muere,
Y que el Poniente es bello y es bella la noche que
queda...
Y que se así es, es porque es así.
Alberto Caeiro.

martes, 23 de junio de 2009

Sueño recuerdos N: 2 (un poema)

Haces dudar al tiempo
Y al cielo con instintos de infinito
Lejos de ti todo es mortal
Lanzas la agonía por la tierra
humillada de noches
Sólo lo que piensa en ti tiene sabor a eternidad

Canto II de Altazor/ Vicente Huidobro

lunes, 22 de junio de 2009

Sueño recuerdos N: 1 (una canción)

Manuscrito hallado en una libreta...

Mi querido a quien no corresponda:

No quiero escribir esta carta, es horrible imaginar todas las manías y paranoias que pueden escribirse, la simple idea me causa calofríos. No quiero, pero te he prometido que te escribiría.
He terminado de pintar la casa, aún no se bien el color, pero ya la verás cuando vengas y podrás decirme el color. Está tarde llovió poco y el olor de la tierra mojada me recordó la ciudad de las hojas donde nos paseábamos, creí y estuve segura por un momento que era la ciudad de lodo, la de tierra mojada que invita al desconsuelo. ahora qué ya no estoy allí me sigue causando la misma tristeza de esos días.

Abrazos
F.

domingo, 21 de junio de 2009

jueves, 18 de junio de 2009

28/Nov/2007

Me habitué a vivir en dos. Cambie los códigos de mi comunicación más íntima y los hice casi invisibles desde afuera. Destruí todos aquellos lugares comunes a los que acudimos para no sentirnos solos cuando estamos con los que no tenemos nada que compartir. Me fui aislando dulcemente en aquel espacio tibio de aroma suave que era el estar juntos, compartir la misma ventana hacia la vida, espiarte aquel cuadro de imágenes y músicas que pintabas viendo al vacío cuando te sentías sola. Ahora todo recuerdo, pasado o futuro, se cifra en una lengua que yo, solo, no completo, no es divertido hablar si nadie ríe como tú lo hacías. No sé…me pierdo de pronto, en medio de todos, volteo la mirada hacia un espacio vacío donde escapar y escucho un eco, la melodía de un instante que viví contigo. Ignoro otra forma de sentir que tenga que ver con los demás; balbuceo sin sentido si digo lo que siento, horroroso silencio de no tener nada que compartir a los demás, que son el mundo. Vivo en un recuerdo circular- una serie de recuerdos construidos contigo que lo contienen todo- donde de algún modo ya todo lo hablé, ya todo lo escuché. En ese recuerdo conjuré cada una de las partículas de los tiempos vividos y por vivir. Es vergonzoso estar aquí, sintiendo de una forma en la que nadie entiende, a la que nadie de los de aquí pertenece.

Penetran en mí agujas de una vida a la que según recuerdo, solía sentir. Hoy entra mucha luz por la ventana, observo a través de ella, una hoja amarilla que se viste de muerte, no lo sé pero tal vez una hoja que muere pierde el peso del pasado; el dulce oficio de rescatar hojas que morían, aliviarlas de todo ayer para así burlar al tiempo y no sin nostalgia poder conjurar en ellas lo que fuimos y sentimos en ese momento -guardaremos este día entre las horas para siempre- conjurarlo ahí donde ya nadie puede robar la vida, protegerlo del enemigo: nosotros y el olvido.

Me siguen acompañando hasta hoy, son más de veinte; las veo juntas y trato de precisar el lugar y la fecha de cada una, pero yo no soy así, no suelo recordar de esta manera. Para mí todas ellas son una misma sensación, la reiteración de un gesto hermoso que comunica lo que no se puede decir, la misma materia con la que una mirada dice adiós y un silencio dice: te extraño. (Para S)

Allegro

"Eso es uno de los acontecimientos irónicos de la vida. Un pequeño incidente lo pone en contacto con ella, su gran amor. En ningún orden especial sienten felicidad...dolor, pérdida y ternura" Christoffer Boe.

miércoles, 17 de junio de 2009

Adagio

La gris bruma de la mañana desdibuja sus fragiles figuras que se abrazan -No llores- dice él, -Extraño lo nuestro- dice ella...Todo ternura la mira en los ojos, y con voz dulce de otra vida le dice: -Entonces buscalo de nuevo- mientras su imagen se desvanece en los ojos tristes de ella. (T)

sábado, 13 de junio de 2009

Teoría de Budapest

En la madurez hay misterio, hay confusión. Lo que más hallo en este momento es una suerte de soledad. La belleza misma del mundo visible parece derrumbarse, sí, incluso el amor. Creo que ha habido un paso en falso, un viraje equivocado, he tomado un desvío erróneo, pero no sé cuándo sucedió ni tengo esperanza de encontrarlo. (Del diario de John Cheever/ El mal de Montano- Enrique Vila-Matas)

jueves, 11 de junio de 2009

Todo es otoño

Detrás de los aplacados calores del final del estío vinieron, en los azares de las tardes, unos tonos de color más suave en el cielo, ciertos retoques de brisa fría que anunciaban el otoño. No era todavía el desverdear del follaje, o el desprendimiento de las hojas, ni aquella vaga angustia que acompaña nuestra sensación de la muerte exterior porque ha de acabar siendo también la nuestra. Ah, son tardes de una tan lastimada indiferencia, que, antes de que empiece en las cosas, empieza en nosotros el otoño.
Cada otoño que viene está más cerca del último otoño que tendremos, y lo mismo es verdad para el verano o estío; pero el otoño recuerda, por ser lo que es, el acabamiento de todo, y el verano o estío es fácil, a fuerza de mirar, que lo olvidemos. No es todavía otoño, no hay todavía en el aire el amarillo de las hojas caídas o la tristeza húmeda del tiempo que va a ser más tarde invierno. Pero hay un resquicio de tristeza anticipada, una pena vestida para el viaje, en el sentimiento con que estamos vagamente atentos a la difusión coloreada de las cosas, al tono diferente del viento, al sosiego más viejo que se arrastra, al caer de la noche, por la presencia inevitable del universo.
Sí, es el principio del otoño, y el conocimiento claro, en la hora limpia, de la insuficiencia anónima de todo. El otoño, sí, el otoño, lo que hay o lo que va a haber, y el cansancio anticipado de todos los gestos, la desilusión anticipada de todos los sueños. ¿Qué puedo yo esperar y de qué? Ya, en lo que de mí pienso, voy entre las hojas y el polvo...
Todo cuando pensé, todo cuanto soñé, todo cuanto hice o no hice, todo eso se irá con el otoño. Todo cuanto fue mi alma, desde las cosas a las que aspiré hasta las que nunca obtuve, todo se va con el otoño, todo con el otoño, con la ternura indiferente del otoño. Todo con el otoño, sí, todo con el otoño... Fernando Pessoa (Para S)