martes, 30 de junio de 2009

Pienso yo mucha veces...

... nos hace tratarnos con delicadeza en nuestro caso y a la vez con gran confianza, quiero decir que nos lo contamos todo y nos decimos palabras de consuelo o distracción o ánimo cuando advertimos que esas palabras nos son necesarias al uno o al otro. También nos echamos de menos cuando no estamos juntos, una de esas personas (en la vida de cada cual hay cuatro o cinco, y de ellas se sufre en verdad la pérdida) a las que uno está acostumbrado a informar de lo que ocurre, es decir, en las que uno piensa cuando le sucede algo, divertido o dramático, y para las que uno acumula hechos y anécdotas. De buena gana se aceptan reveses porque van a relatarse a esas cinco personas. "Esto tengo que contárselo a Berta", piensa uno (pienso yo muchas veces).
Javier Marías/ Corazón tan Blanco

Recuerdo N: 7 ( Roberto Benigni)

Más que nunca ahí

Tomar el camión, subir, agarrar el cambio, leer sin interrupciones hasta la bajada, bajarse, cruzar la avenida, otras calles, unos ojos, tres pensamientos, un edificio que no habías visto, el tiempo, la mañana, el instante, tú, llegar sin aire, sentarse, mirar, escuchar, enterarse de que todo sigue igual, tres idiotas a la espalda, dos al frente, la mujer de siempre hablando sin parar, el mismo recuerdo de la luz, la luz otra vez, luego la sombra y la mirada de al lado que te confirma que sigues viva, que eres tú más que nunca, ahí, ese día, en esa clase con esa mirada, a solas, sin idiotas, sin la mujer, sin la luz, sin el tiempo: solos al fin. (S)

Recuerdo N: 6 (Respaldando)

"Es el pecho de otra persona lo que nos respalda, sólo nos sentimos respaldados de veras cuando hay alguien detrás, lo indica la propia palabra, a nuestras espaldas, como en inglés también, to back, alguien a quien acaso no vemos y que nos cubre la espalda con su pecho que está a punto de rozarnos y acaba siempre rozándonos, y a veces, incluso, ese alguien nos pone una mano en el hombro con la que nos apacigua y también nos sujeta. Así duermen o creen que duermen la mayoría de los matrimonios y de las parejas, los dos se vuelven hacia el mismo lado cuando se despiden, de manera que uno le da al otro la espalda a lo largo de la noche entera y se sabe respaldado por él o ella, por ese otro, y en medio de la noche, al despertar sobresaltado por una pesadilla o ser incapaz de conciliar el sueño, al padecer una fiebre o creerse solo y abandonado a oscuras, no tiene más que darse vuelta y ver entonces, de frente, el rostro del que le protege, que se dejará besar lo que en el rostro es besable (nariz, ojos, boca, mentón, frente y mejillas, es todo el rostro) o quizá, medio dormido, le podrá una mano en el hombro para apaciguarle, o para sujetarle, o para agarrarse acaso." Corazón tan blanco/ Javier Marías.

sábado, 27 de junio de 2009

Grietas

Los otros tienen personas dedicadas a ellos. Yo nunca tuve ni siquiera alguien que pensara en dedicarse a mí. A los otros lo sirven: a mí me tratan bien.
Juzgo a veces que me gusta sufrir. Pero, francamente, yo preferiría otra cosa. Si un día amase, no sería amado. Basta con que quiera una cosa para que esa cosa muera. Mi destino, sin embargo, no tiene la fuerza de ser mortal para cosa ninguna. Tiene la debilidad de ser mortal en las cosas que me afectan. Y con esto queda todo dicho.

viernes, 26 de junio de 2009

Recuerdo N:5 (Cortázar)

...y sin embargo los dos. Maga estamos componiendo una figura, vos un punto en alguna parte, yo otro en alguna parte, desplazándonos, vos ahora a lo mejor en la rue de la Huchette, yo ahora descubriendo en tu pieza vacía esta novela, mañana en la Gare de Lyon (si vas a Lucca, amor mío) y yo en la rue du Chemin Vert, donde; me tengo descubierto un vinito extraordinario, y poquito a poco, Maga, vamos componiendo una figura absurda, dibujamos con nuestros movimientos una figura idéntica a la que dibujan las moscas cuando vuelan en una pieza de aqui para allá, bruscamente dan media vuelta, de allá para aquí, eso es lo que se llama movimiento brownoideo, ¿ahora entendés?, un ángulo recto, una línea que sube, de aquí para allá, del fondo al frente, hacia arriba hacia abajo, espasmódicamente, frenando en seco y arrancando en el mismo instante en otra dirección, y todo eso va tejiendo un dibujo, danzando para nadie, ni siquiera para ellos mismos, una interminable figura son sentido.

Cortázar/Rayuela/Cap 34

La incomprensible susurro que nos persuade

XXI
Si yo pudiera morder toda la tierra
Y sentirle un sabor,
Y la tierra fuera una cosa para morder
Sería más feliz por un momento...
Mas yo no siempre quiero ser feliz
Hay que ser de vez en cuando Infeliz
Para poder ser natural...

No todos los días son de sol
Y la lluvia, cuando falta mucho, se ruega.
Por eso tomo la infelicidad con la felicidad
Naturalmente, como quien no se extraña
Que haya monyañas y llanuras
Y que haya rocas y hierba.

Lo que se necesita es ser natural y sereno
En la felicidad o la infelicidad,
Sentir como quien mira,
Pensar como quien anda,
Y cuando se va a morir, acordarse de que el día muere,
Y que el Poniente es bello y es bella la noche que
queda...
Y que se así es, es porque es así.
Alberto Caeiro.

martes, 23 de junio de 2009

Sueño recuerdos N: 2 (un poema)

Haces dudar al tiempo
Y al cielo con instintos de infinito
Lejos de ti todo es mortal
Lanzas la agonía por la tierra
humillada de noches
Sólo lo que piensa en ti tiene sabor a eternidad

Canto II de Altazor/ Vicente Huidobro

lunes, 22 de junio de 2009

Sueño recuerdos N: 1 (una canción)

Manuscrito hallado en una libreta...

Mi querido a quien no corresponda:

No quiero escribir esta carta, es horrible imaginar todas las manías y paranoias que pueden escribirse, la simple idea me causa calofríos. No quiero, pero te he prometido que te escribiría.
He terminado de pintar la casa, aún no se bien el color, pero ya la verás cuando vengas y podrás decirme el color. Está tarde llovió poco y el olor de la tierra mojada me recordó la ciudad de las hojas donde nos paseábamos, creí y estuve segura por un momento que era la ciudad de lodo, la de tierra mojada que invita al desconsuelo. ahora qué ya no estoy allí me sigue causando la misma tristeza de esos días.

Abrazos
F.

domingo, 21 de junio de 2009

jueves, 18 de junio de 2009

28/Nov/2007

Me habitué a vivir en dos. Cambie los códigos de mi comunicación más íntima y los hice casi invisibles desde afuera. Destruí todos aquellos lugares comunes a los que acudimos para no sentirnos solos cuando estamos con los que no tenemos nada que compartir. Me fui aislando dulcemente en aquel espacio tibio de aroma suave que era el estar juntos, compartir la misma ventana hacia la vida, espiarte aquel cuadro de imágenes y músicas que pintabas viendo al vacío cuando te sentías sola. Ahora todo recuerdo, pasado o futuro, se cifra en una lengua que yo, solo, no completo, no es divertido hablar si nadie ríe como tú lo hacías. No sé…me pierdo de pronto, en medio de todos, volteo la mirada hacia un espacio vacío donde escapar y escucho un eco, la melodía de un instante que viví contigo. Ignoro otra forma de sentir que tenga que ver con los demás; balbuceo sin sentido si digo lo que siento, horroroso silencio de no tener nada que compartir a los demás, que son el mundo. Vivo en un recuerdo circular- una serie de recuerdos construidos contigo que lo contienen todo- donde de algún modo ya todo lo hablé, ya todo lo escuché. En ese recuerdo conjuré cada una de las partículas de los tiempos vividos y por vivir. Es vergonzoso estar aquí, sintiendo de una forma en la que nadie entiende, a la que nadie de los de aquí pertenece.

Penetran en mí agujas de una vida a la que según recuerdo, solía sentir. Hoy entra mucha luz por la ventana, observo a través de ella, una hoja amarilla que se viste de muerte, no lo sé pero tal vez una hoja que muere pierde el peso del pasado; el dulce oficio de rescatar hojas que morían, aliviarlas de todo ayer para así burlar al tiempo y no sin nostalgia poder conjurar en ellas lo que fuimos y sentimos en ese momento -guardaremos este día entre las horas para siempre- conjurarlo ahí donde ya nadie puede robar la vida, protegerlo del enemigo: nosotros y el olvido.

Me siguen acompañando hasta hoy, son más de veinte; las veo juntas y trato de precisar el lugar y la fecha de cada una, pero yo no soy así, no suelo recordar de esta manera. Para mí todas ellas son una misma sensación, la reiteración de un gesto hermoso que comunica lo que no se puede decir, la misma materia con la que una mirada dice adiós y un silencio dice: te extraño. (Para S)

Allegro

"Eso es uno de los acontecimientos irónicos de la vida. Un pequeño incidente lo pone en contacto con ella, su gran amor. En ningún orden especial sienten felicidad...dolor, pérdida y ternura" Christoffer Boe.

miércoles, 17 de junio de 2009

Adagio

La gris bruma de la mañana desdibuja sus fragiles figuras que se abrazan -No llores- dice él, -Extraño lo nuestro- dice ella...Todo ternura la mira en los ojos, y con voz dulce de otra vida le dice: -Entonces buscalo de nuevo- mientras su imagen se desvanece en los ojos tristes de ella. (T)

sábado, 13 de junio de 2009

Teoría de Budapest

En la madurez hay misterio, hay confusión. Lo que más hallo en este momento es una suerte de soledad. La belleza misma del mundo visible parece derrumbarse, sí, incluso el amor. Creo que ha habido un paso en falso, un viraje equivocado, he tomado un desvío erróneo, pero no sé cuándo sucedió ni tengo esperanza de encontrarlo. (Del diario de John Cheever/ El mal de Montano- Enrique Vila-Matas)

jueves, 11 de junio de 2009

Todo es otoño

Detrás de los aplacados calores del final del estío vinieron, en los azares de las tardes, unos tonos de color más suave en el cielo, ciertos retoques de brisa fría que anunciaban el otoño. No era todavía el desverdear del follaje, o el desprendimiento de las hojas, ni aquella vaga angustia que acompaña nuestra sensación de la muerte exterior porque ha de acabar siendo también la nuestra. Ah, son tardes de una tan lastimada indiferencia, que, antes de que empiece en las cosas, empieza en nosotros el otoño.
Cada otoño que viene está más cerca del último otoño que tendremos, y lo mismo es verdad para el verano o estío; pero el otoño recuerda, por ser lo que es, el acabamiento de todo, y el verano o estío es fácil, a fuerza de mirar, que lo olvidemos. No es todavía otoño, no hay todavía en el aire el amarillo de las hojas caídas o la tristeza húmeda del tiempo que va a ser más tarde invierno. Pero hay un resquicio de tristeza anticipada, una pena vestida para el viaje, en el sentimiento con que estamos vagamente atentos a la difusión coloreada de las cosas, al tono diferente del viento, al sosiego más viejo que se arrastra, al caer de la noche, por la presencia inevitable del universo.
Sí, es el principio del otoño, y el conocimiento claro, en la hora limpia, de la insuficiencia anónima de todo. El otoño, sí, el otoño, lo que hay o lo que va a haber, y el cansancio anticipado de todos los gestos, la desilusión anticipada de todos los sueños. ¿Qué puedo yo esperar y de qué? Ya, en lo que de mí pienso, voy entre las hojas y el polvo...
Todo cuando pensé, todo cuanto soñé, todo cuanto hice o no hice, todo eso se irá con el otoño. Todo cuanto fue mi alma, desde las cosas a las que aspiré hasta las que nunca obtuve, todo se va con el otoño, todo con el otoño, con la ternura indiferente del otoño. Todo con el otoño, sí, todo con el otoño... Fernando Pessoa (Para S)