domingo, 1 de noviembre de 2009

Las noches del iris negro I

Esta mañana, al despertar, Victoria me ha dicho que ha soñado que caminábamos los dos por la calle Florida, en Buenos Aires, y que ante nosotros se extendía la plaza San Martín y que nos negábamos a atravesarla, pero que finalmente lo hacíamos mientras un viento frío venido de muy lejos nos traspasaba. La plaza casi flotaba, en el aire, y allá a lo lejos, en los confines azulados del agua, de la niebla y del cielo blanquecino, se veían vagar humos que se deslizaban o ascendían desde los barcos que yacían inertes en el Río de la Plata.
-No es un sueño premonitorio -me ha dicho-, porque yo no pienso volver ni loca a la Argentina. Jamás volveremos a estar tú y yo juntos en las calles de Buenos Aires. Yo me quedo aquí, en Port del Vent. Varada, junto a ti.
Ha hecho uno de esos gestos mediante los cuales una persona manifiesta, sin darse cuenta, una gracia que no sabe que tiene. Y a la atracción que siento por ella se ha unido la que siento por este pueblo y por este mar, y desde ese momento Vistoria y Port del Vent han compuesto una única figura que se pierde no muy lejos de este paisaje de belleza y muerte, no muy lejos del filo mismo de mi horizonte.

Enrique Vila-Matas "Las noches del iris negro"

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