Es sencillo, ocurre que me he sentido solo y ya sabes he abierto un libro; no el que estaba allí, a la mano, el otro, ese que no tendría porque abrir. Apenas hacia volar con mi pulgar las primeras páginas cuando la he visto moverse ligeramente, fugaz. Me ha sorprendido y es verdad me ha dado pena verla. Su dorso aún verde le daba una apariencia fresca, pero bastaba con fijar un momento más la vista para dar cuenta de la fatalidad. La vi por un momento más, tratando de recordar cuándo y dónde. Y no he podido recordar nada. Ha muerto de olvido, me dije. Por un momento he pensando que es tonto sentir pena por una hoja abandonada en un libro y mirando de nuevo el pequeño cadáver he sentido lástima de haber pensado eso. No he querido dejarla ahí pero no se me ha ocurrido otro lugar donde ponerla. De pronto todo me ha parecido más triste, he cerrado el libro y la he dejado dentro, el título de éste me ha parecido el más adecuado: La fábula del tiempo, después de todo parece que ese es el mejor lugar para que la deje. He pensando que harías tú de encontrarte con el cuerpo de una hoja en la fábula del tiempo, así que regrese, abrí el libro donde mismo, y estaba allí, tan a la vista, en medio de todo, le he dedicado una mirada cómplice de gratitud a tu hoja y he leído: Aquí yacen tus pasos, en el anonimato de las huellas.
T.
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