La he visto. Afuera, muy arriba por la ventana, se esconde una pequeña estrella que parpadea, todas las noches se le puede ver. A su alrededor no hay muchas más. La pobre no deja de temblar: ahora algo blanca, luego un poco azul y enseguida casi rojiza, no se decide. Por un leve instante pareciera que en su diminuta danza se apagara definitivamente, pero no lo hace, ella nunca lo hace. La estrella que llora desde antes que se inventara la eternidad, el cielo o la noche. ¿Es que tal vez sea su latir una violenta insistencia por desvanecerse? o puede ser que la estrella agonice y peor aún, haya muerto y su muerte aún viaje años luz hacia aquí. Así, desde siempre, desde antes de la primera lágrima y el primer dolor. No sé, tal vez sólo palpite a colores para sí, para nadie en particular, para vivir o no morir, la estrella es entonces toda corazón.
De T. para ti, S.
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