Perú… ¿A qué sabe Perú? tendrías que haberlo probado alguna vez; sí, en frescas volutas de polvo quizá, de esas que se adhieren al aire al caminar. Tienes que recordarlo, sólo así podré ayudarnos. Busca en aquellos años, un poco más atrás, más. Tú sabes donde. Lo sé, es un lugar impracticable a donde te pido que vayas, un recuerdo encarnado con alfileres en la carne de la memoria, mas piensa en esto: yo lo escribiré por ti, lo conjuraré en papel; será tu historia y la dejarás ahí. Será como un espejo hacia el que fluya tu pasado, tu historia quedará prendida en esta tinta y este papel, será tuya pero ya no te pertenecerá más. Habrás superado la distancia que te ha mantenido del otro lado, en esa noche, en esa vereda y con ese hombre… será una inversión de realidades, desde este hilo de tinta te irás desprendiendo de esa imagen frente al espejo, línea a línea, te quedarás con el reflejo puro que no guarda memoria y que sólo existe en la ilusión, podrás alzar la mirada y te veras del otro lado y será como un fantasma al que despides. Te digo que bastará un cuento o una pequeña novela, no más. Tendrá polvo, como ese mismo que ya vuelves a saborear en tu piel, también habrá una noche clara, una vereda y una tristeza de hombre, su dolor y deseo; y estarás tú Virginia, hermosa niña sin estrella, estarás ahí, y será la última vez que lo estés. Despídete del abrasador destino que te hizo mujer, de esa noche espesa como bramido, y del sudor y la sangre que llora a lo largo de tus piernas. Despídete de las noches sin estrellas, del aire que desde entonces te ha sobrado, y de los colores por tantos años apagados de tus pupilas… de todas tus preguntas y el silencio, y de Perú… Deja de leer Manuel, deja de hacerlo y no digas nada, ¿un conjuro? ¿De qué me serviría un conjuro? No hay un reflejo distinto que rescatar del otro lado, aquí y allá es la misma mujer de esa noche. Es triste, es eso y nada más. Perdónate Manuel, eras joven y yo una niña sin estrella. Perdónate por mí Manuel, porque yo nunca lo haré.
Manuel apartó la vista del pasado de Virginia, cómo una inmensa lágrima se deslizó por el cuarto hacia la noche que tímidamente asomaba por la ventana. Desde la penumbra Virginia veía como la imagen de Manuel se vaciaba de ella definitivamente. Un extraño reposaba en la silueta que Manuel había dejado sobre el cuadro de la ventana.
Virginia Artabe 1957- Perú
(Edgar Robles)
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