sábado, 31 de julio de 2010

Tempestad

Fue un amor violento como un tornado que barre en línea recta una vasta llanura. Un amor que lo derribó todo a su paso, que lo succionó todo hacia el cielo en un torbellino, que lo descuartizó todo en un arranque de locura, que lo pulverizó todo por completo. Y, sin que su furia amainara un ápice, barrió mares y océanos, arrasó sin misericordia las ruinas de Angkor Vat, calcinó con su fuego las selvas de la India repletas de manadas de desafortunados tigres y, convertido en tempestad de arena del desierto persa, sepultó alguna exótica ciudad amurallada. Fue un amor glorioso, monumental. Aquí empezó todo y aquí acabó (casi) todo.

Haruki Murakami

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