miércoles, 15 de diciembre de 2010

El día

Te has quedado lejos, te has ido lejos.
Pero, voy retrocediendo hacia ti,
voy avanzando hacia ti.
Te veré en el cielo.
No puede ser la eternidad sin ti.

Marosa di Giorgio

A jirones largos y violentos la perfección de aquel cielo glacial parecía haber sido destrozada por la fuerza silenciosa y contenida de una deidad herida de olvido o eternidad.

Es de mañana tantos días ya. Son las dificultades de habitar a los extremos de una gran, rutinaria esfera: la vida respira según noches colosales e impracticables días, confeccionados no para hombres sino para una suerte de seres de transitar geológico que gustan de una vida paralela a la fugaz vida de los hombres.

Te espero un día con su noche al año.

Con la paciencia de quien ha extraviado el tiempo para entretenerse en la evanescencia de los diminutos rituales de la vida. La memoria anquilosada por la tenaz fórmula del dolor con el blanco -el de la mañana, y tarde y noche; el que viene del cielo y el que permanece en la tierra; el de las palabras; el de los ojos, tan blancos por contagio del paisaje; el de la mente, y en fin, el blanco de todo lo que está afuera que se embebe, de a poco, hacia dentro-.

Es esta la más infatigable noche en el mundo; la espera plural por una voz luminosa que irradie cualquier sentencia, de amor, deseo, odio o blasfemia… cualquiera capaz de deshacer en espasmos luminosos el horrido frio de ninguna luz cayendo del cielo.

Te espero pues, al extremo de este mundo, que tal vez sea también el inicio de uno nuevo.

Aquí, donde quizá sea más probable recuperar lo perdido porque el tiempo ha acostumbrado a demorarse tanto y tanto que apenas la muerte ha acontecido a nadie. Entonces no sólo aguardaré por ti, aguardaré también a mi madre y a mi padre; el milagro del nacimiento de mi abuela; conoceré al joven noble y recio que dicen fue mi abuelo y nunca conocí. Te acompañaré de nuevo en tu vida, recuperaré cada momento sin ti y borraré sólo un día. Embriagado de fantasmas y memoria me hallará la muerte un día, a ella preguntaré tu nombre.

No puede ser la eternidad sin ti.

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